Publicado el 14/12/2011 por Fernando Alcina

La afirmación de que el tratamiento en Terapia Gestalt no consiste en la aplicación de una serie de técnicas sino en la transmisión de una actitud se ha convertido en una especie de carta de presentación de este modelo. Ahora bien, ¿en qué consiste esta actitud que se intenta transmitir a los pacientes? ¿Cómo se transmite? ¿Cómo puede la adquisición de dicha actitud producir cambios que van del sufrimiento a la calma, de la culpabilización a la aceptación o de la apatía al deseo de vivir?

Auto-negación. El error de «querer ser».

El terapeuta gestáltico aprende, durante su formación y de manera experiencial, lo que afirma la Teoría Paradójica del Cambio de Arnold Beisser. Esto es, que los cambios en una persona no se producen a través de un intento coercitivo por cambiar sino dándose el tiempo necesario para aprender, a través de la simple experiencia, que no es necesario esforzarse por ser lo que supuestamente uno debería ser.

Auto-aceptación

Paradójicamente el cambio ocurre cuando, en lugar de estar en el frustrado deseo de cambiar, la persona consigue aceptarse tal como es y tal como se siente en ese momento concreto. El alumno de la Formación en Terapia Gestalt comienza a experimentar lo que ocurre cuando, por ejemplo, deja de luchar por no estar nervioso cuando tiene que hablar en público y en lugar de ello se entrega completamente a su nerviosismo, aceptándolo como algo natural, entendiéndolo como parte de la condición humana y comprendiendo que tratar de negarlo cuando aparece implica estar negándose a sí mismo, estar rechazándose tal como es. Paradójicamente esta actitud de aceptación es la que puede atenuar el nerviosismo, ya que supone rendirse en la guerra interna de tener que ser como supuestamente deberíamos.

Conclusión

En este punto considero importante decir que vivir entregándonos a lo que sentimos no es una estrategia para así lograr cambiar lo indeseable ni una confianza ciega en la teoría de Beisser, se trata de una actitud de genuina aceptación de cómo somos en cada momento del presente, sin sentencias futuristas de que así seremos para siempre. Esta auto-aceptación, obviamente, no se alcanza de la noche a la mañana. Sólo es alcanzable si antes nos enfrentamos a muchas de las ideas que nos han sido inculcadas (introyectos en la terminología gestáltica) y las rebatimos con determinación hasta poder reposeer lo enajenado. Ideas tales como que “una persona es menos válida si al hablar en público se pone nerviosa”, o la clásica de “los hombres no lloran” deben ser cuestionadas e invalidadas para poder vivir mi nerviosismo o mi llanto con un sentimiento de absoluta dignidad.
Una consecuencia directa de la adquisición de esta actitud es que, del mismo modo que ha aprendido a aceptarse tal cual es, el terapeuta gestáltico acepta a sus pacientes tal cual son, respetando sus dificultades sin tratar de conseguir que cambien, y gracias a ello los pacientes pueden pasar de la negación a la aceptación de sí mismos. En palabras de Claudio Naranjo: 

«…la aceptación (en la forma de auto-aceptación a veces facilitada por un genuino apoyo externo) lleva al crecimiento más bien que al estancamiento”.

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