“Desde la perspectiva de nuestra cultura los actos humanos, además de intencionales, son libres, ya que derivan de elecciones que recaen sobre mi personalidad en la medida en que soy yo quien decide. Este planteamiento suele conllevar mucho sufrimiento porque da pie a rumiar si se ha cometido un error, si podía haberlo hecho de otra manera, y también al castigo de un superyó que puede ser, cruel y dañino”.

(“El sentimiento de Culpa”. Carmen Durán) 2016 pág. 25

La culpa es considerada una emoción secundaria ya que, para que aparezca, el individuo ha de haber incorporado el lenguaje y el pensamiento (alrededor de los tres años) que le permiten realizar la valoración y análisis del comportamiento propio calificándolo como indigno.

El sentimiento de culpa nace de la pelea interna entre nuestras partes instintiva y emocional frente a nuestro pensamiento. Es nuestra parte cognitiva, mental, la que evalúa moralmente el acto realizado o sentimiento vivido. Nace entonces la disputa y la consideración del “no debería sentir lo que siento, o no está bien tener esta sensación, o haber tenido aquel impulso”. Y así, siendo un elemento regulador en ocasiones de nuestros actos ya que nos permite ver, valorar, evaluar nuestras conductas y realizar una mirada hacia la otra persona aflorando la empatía,  en otras muchas se convierte en un elemento interruptivo que pretende cercenar nuestro sentir y amputarnos de partes propias vividas sin permiso lo que ocasionan que se ahoguen, emergiendo posteriormente de forma compulsiva.

Aprender a diferenciar estas partes internas, lo que el psicoanálisis denomina como Superyó y Ello y la Gestalt designa como Perro de Arriba y Perro de Abajo, en definitiva esta pelea que se manifiesta en el Conflicto Psíquico interior y universal del ser humano, ayuda a comprender, entender, dar permiso, paliar, y calmar este conflicto que tanto sufrimiento conlleva.

La culpa de  ser como somos, el no querernos, el no entender el niño que fuimos y de dónde viene nuestra herida, el no mecernos, ni arroparnos, deja una desesperanza interna y un nudo en el alma que nos ahoga.

Carmen, en su libro, nos adentra en las profundidades de esta emoción alumbrando los conflictos que conlleva, la moral, el contexto y la situación que la provocan, la mirada social y cultural de la herencia recibida para llevarnos, en definitiva, a mejorar la relación con nosotros mismos. Clave y  base para calmar el dolor interno y con reflejo directo en nuestras relaciones personales.

Belén Hernández

 

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